sábado, 4 de octubre de 2014

El escritor.

Aquí, en este momento, en casa, sin ruido alguno y mi mente con fuertes estruendos. Es en este momento donde las letras fluyen, donde el lápiz se convierte en una extensión de mi alma y plasmo mi esencia en un pepelito cualquiera, el que más cerca esté de mí, el que se deje alcanzar será ejecutado con letras, y es que allí es donde siento paz: el papel; santo remedio para los que queremos dejar salir desde lo más claro hasta lo más oscuro de nosotros mismos y algunas veces (tímidamente) mostramos al mundo algunas lineas, para que quienes hurgan nuestros textos se droguen, suban al cielo o bajen al infierno.
A los escritores nos afecta hasta el aleteo de la mosca, tenemos los sentidos constantemente activos y le buscamos (o creamos) historias, poemas, críticas, narraciones fantásticas o una simple cita a casi todo lo que vemos; somos así, taciturnos en el exterior, pero por dentro estamos que rebozamos letras.
No hay manera de hacerle entender a un escritor que no escriba, para nosotros es algo que roza la linea de la obsesión, del vicio, está en nuestra cotidianidad escribir, es algo necesario para el alma, nos sentimos vivos cuando las letras se acercan, nos coquetean y nos dicen “ven, escríbeme, dibújame, destrúyeme, armame, sedúceme, siénteme; poséeme como la puta letra que soy”; sucede que caemos dichosos en sus garras, nos introducimos en ellas hasta la saciedad y desconocemos el reloj; ¿tiempo?, ¿qué es eso?, no hay tiempo cuando se escribe, las leyes de la física son indiferentes a nosotros cuando estamos bañados de letras, cuando ya estamos hasta el cuello de ellas y olemos a letras, nos ven en letras, nos oyen en letras, nos palpan en letras, sabemos a letras y en esencia terminamos siendo letras; en ese momento ya estamos completamente invadidos, lo único que podemos hacer es convivir con ellas o morir en el intento, soltar el lápiz y dejar ahí la hoja escrita, con su soledad, pero eso sería el suicidio para el escritor, el escritor no concibe evento de tal magnitud, eso sería cortarse un brazo, dejar su ser, andar con nada en el mundo

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